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PALABRAS DE LA HERMANA ANGELINA
Hace 125 años se abrían por primera vez las puertas de nuestro querido Colegio. Conmemorar este aniversario nos permite hacer converger, gracias a la virtud que toda celebración tiene, el pasado, el presente y el futuro. Hoy se abrazan estas tres dimensiones temporales para hacer surgir con fuerza un nuevo impulso evangelizador en esta obra de la Iglesia.
El pasado se vuelve presente y nuestra memoria se puebla de tantos recuerdos, que bien anclados en nuestra mente y corazón, nos dan la esperanza firme de la presencia de Dios cuidándonos con esmero.
Es bueno ver la obra de Dios y es noble agradecer. Gracias en primer lugar a Dios por las Hermanas fundadoras del Colegio, que supieron construir sobre profundos cimientos y con mucho sacrificio, un colegio según el querer y sentir de la Iglesia. Ellas nos legaron un estilo educativo que hace del amor la mejor pedagogía y de la fidelidad a Cristo una brújula segura para guiar nuestros pasos. Gracias a las Hermanas que continuaron la obra de las Fundadoras con creatividad y perseverancia y que desde el cielo custodian nuestro quehacer educativo. Gracias a las Hermanas mayores que con su oración y sacrificio silencioso hacen fecunda nuestra tarea. |
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Gracias a todas las personas que, colaborando y sosteniendo la obra que comenzaron las Hermanas, supieron a lo largo de estos 125 años, apropiarse del espíritu de la Madre Paulina y adherirse al proyecto de la Congregación con generosidad y abnegación. Las Hermanas somos testigos del amor y dedicación con que el personal Directivo, docente, administrativo, de mantenimiento y de servicio, trabaja día a día para cuidar lo que Dios nos ha confiado. Gracias a Uds. padres, por la confianza que depositan en nosotros haciendo posible nuestra misión educativa.
Todos estos son motivos para tener una fundada esperanza, y nos animan a vivir el presente ancladas en la fe. Queremos continuar educando de la mano de la Iglesia, teniendo a Cristo como el mejor Maestro y proponiendo la santidad como meta educativa. Queremos educar enserio, exigirnos al máximo en esta tarea, porque estamos convencidas de que la buena formación cristiana es el mejor aporte al hombre y a la sociedad. Proponer la búsqueda del bien y de la verdad y el coraje para adherirse a ellos con todas sus consecuencias, es el único camino para ser hombres y mujeres de elevada talla espiritual y humana.
Así, el futuro que se abre frente a nosotros, nos urge a avanzar con los brazos abiertos para hacer de nuestra Comunidad Educativa una “Casa y Escuela de Comunión” donde cada uno es amado, acogido y respetado.
Queridos alumnos: No puedo dejar de decirles que la Iglesia los ama y ha hecho de la opción preferencial por los jóvenes uno de los pilares de su ministerio. Sean, como lo ha pedido el querido Papa Juan Pablo II, los centinelas del mañana y abran de par en par las puertas de su corazón a Cristo. Sean testigos valientes de que se puede ser santo, de que es posible cambiar la sociedad, de que las cosas no van peor, porque ustedes son capaces de arriesgarse por Cristo y de entregarse con generosidad a la Iglesia. Nosotros queremos ayudaros y guiarlos por ese camino.
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